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El secuestro emocional y sus consecuencias

24 julio, 2012

El secuestro emocional y sus consecuencias

Era agosto y el sol estaba en lo alto. La última reunión le había puesto de un humor de perros. Su jefe, había alargado la reunión hasta las 4 y tenía hambre. 140km/h no era una velocidad adecuada para entrar por la N6 a esas horas de la tarde, poco después de la hora punta, pero a Bruno le invadía una sensación de urgencia desde ya antes de coger el coche. Un hilo de sudor le bajaba por la sien, tenía la mandíbula agarrotada y sus manos se asían con fuerza al volante del Golf.

- ¡Será hijo de puta! -, el coche de su derecha había hecho un cambio de carril sin señalizar y casi había rozado su coche nuevo. – ¡Estos estúpidos no tienen ni puta idea de conducir!, todos los días tengo que toparme con estos inútiles. – Bruno no podía evitar jurar en Hebreo cada vez que cogía el coche por Madrid, le exasperaban las amas de casa con sus Peugeot 205 conduciendo a 60 por la M30, odiaba a los macarras con sus BMWs tuneados  esquivando coches como si de un circuito se tratase y temía la impasibilidad de los conductores de autobús. Sin pensarlo, aceleró hasta que su parachoques delantero estuvo a metro y medio del coche negro que se le había cruzado. Quería sacarlo de la carretera, quería matarlo, hacerle ver lo estúpido y mal conductor que era. Deseaba parar y gritarle que le habían dado el carnet en una tómbola. Unos segundos después, Bruno soltó el acelerador y parpadeó. Qué estoy haciendo, cómo puedo convertirme en un ser tan distinto cuando conduzco. Un súbito volantazo del coche negro que ya estaba a unos 100 metros por delante, hizo que se golpease contra el muro de hormigón del lado izquierdo. Instintivamente, Bruno frenó en seco y logró evitar el golpe por detrás. El camión que iba por el carril derecho no pudo frenar en tan poco tiempo y embistió el Volvo negro a una velocidad de unos 80km/h. El sonido fue aterrador, Bruno vio como la carga del camión se desparramaba por la vía como a cámara lenta.

- Hola preciosa, siento llegar tarde pero ya sabes como está el tráfico a estas horas – Alma miró a su marido, su cara estaba desencajada y pálida, sudaba como cuando volvía de hacer footing y se había quitado la corbata. – Esta tarde quiero… me gustaría… ir al Hospital de la Paz – La voz de Bruno se quebró en un sollozo mientras abrazaba a su esposa. – Cariño… soy un monstruo -

Después de unas semanas sin escribir nada, vuelvo a la carga con este micro-relato. Me ha parecido interesante ilustrar con un relato un comportamiento, desgraciadamente muy habitual: El secuestro emocional.

Las emociones de por sí no son malas. Ni siquiera emociones como la ira o el odio tienen por qué ser especialmente negativas. El problema de las emociones es cuando nos bloquean. Es fácil detectar si una emoción está siendo negativa Si en ese momento no puedes pensar en otra cosa, no puedes actuar o tus actos van en una dirección distinta de lo que tu mente quiere, entonces estamos ante una emoción negativa. En el relato, Bruno, es un marido ejemplar, cariñoso, empático y amable con los demás. Pero ese día, una combinación de factores externos (las prisas, el calor, y la tensión de la conducción) hacen que, por momentos, se convierta en un monstruo. Por suerte para él, su cabeza toma las riendas rápidamente. Si el secuestro emocional le hubiese durado unos segundos más, habría sufrido un accidente de coche.

Cuando estéis tristes, agobiados o sintáis odio, fijaros en vuestra emoción; ¿está provocando un bloqueo?, ¿no os permite seguir con vuestras actividades normales? Si las respuestas son afirmativas, la emoción os está dominando y es peligroso. Si ésta dura unos minutos y se pasa, no le deis más vueltas, es normal. Pero si el bloqueo persiste horas, días o semanas, la emoción puede convertirse en un problema grave.

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