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Me estoy quitando

Me estoy quitando

Me estoy quitando…

de la tele, de las noticias, de la radio, de los libros (malos), de los blogs, de las tertulias, de los podcast de economía, de comprar ropa, de consumir, de los centros comerciales, de ir de tiendas, del café, de la carne, del pescado, de la leche, de los huevos, de la miel, de la piel, de los medicamentos, de los químicos, de limpiar lo que no está sucio, de las suscripciones a revistas que no leo, de los debates estúpidos de política, del fútbol, de obligaciones que me imponía, de trabajar sin sentido, de hacer cosas que no me llenan, de quedar con personas que no me aportan, de hablar de más cuando no me toca, de gritar a los conductores desde el coche, de pitar, de conducir de noche, de dormir cuando no me toca, de estar despierto cuando necesito dormir, de cabrearme cuando no puedo hacer nada, de juzgar a los que no son como yo, de tener ídolos, de la gente superficial, de la estética innecesaria…

Y aún así, todavía me queda…

¿Quitar o añadir?

El denostado poder de la atención

El poder de la atención

¿Cuándo fue la última vez que dedicaste 2 horas seguidas e intensas a una tarea?

En un mundo donde los smartphones son los reyes, poner plena atención más de 5 minutos en algo se ha convertido en una rareza. Esas armas de destrucción intelectual llamadas teléfonos inteligentes nos han robado una de las más preciadas virtudes humanas: la atención.

Probablemente no hayas pensado en ello, o quizás sí, pero hoy por hoy, centrar tu atención de forma intensa durante un largo periodo de tiempo en una actividad es casi imposible. No te sientas mal por ello, el mundo en el que vivimos propicia la distracción, e incluso la alienta. Las notificaciones del móvil, programas de mensajería (tanto personales como profesionales), el uso de varios dispositivos a la vez (casi todo el mundo que ve la tele, usa el móvil o la tablet a la vez), la redes sociales…

Es decir, los inventos de estos últimos 10-15 años nos han convertido en semi-idiotas.

Nos cuesta mantener la atención en clase, en una reunión de trabajo, o simplemente, cuando sacamos a nuestros hijos al parque. La mal llamada multi-tarea, no es tal, los humanos no estamos preparados para ella, cuando centramos nuestro foco en algo, todo lo demás pasa a segundo plano. Resultado: no hacemos bien ni una cosa ni la otra.

Los costes de los cambios de tareas tampoco son desdeñables. Está más que demostrado que cuando cambiamos de tarea, no lo hacemos como lo haría una máquina, residuos de la tarea anterior permanecen en nuestra cabeza, y eso nos hace ser menos efectivos en la nueva tarea. El cambio constante entre tareas tiene un coste tal, que si las empresas fuesen capaces de medirlo, pondrían medidas drásticas para atajarlo.

¿Y qué pasa cuando necesitamos realizar una tarea compleja como analizar un problema, proponer soluciones creativas al mismo o desarrollar una aplicación de software? Estos trabajos son los que se ven más mermados por nuestra incapacidad para centrar la atención, ya que requieren un pensamiento más profundo y una capacidad cerebral mayor. Intenta resolver un problema de matemáticas mientras lees el whatsapp y tienes una serie de tv de fondo, y verás a qué me refiero.

La tecnología modifica nuestra forma de pensar y de comportarnos, y no siempre para bien. Si nosotros no hacemos de guardianes de nuestro pensamiento y de nuestras acciones, nos convertiremos en simples despachadores de cosas, incapaces de resolver de forma adecuada los problemas complejos.

La falta de memoria que todos empezamos a sufrir, y no solo las personas mayores, tiene relación con esa incapacidad de estar atento, escuchar de forma tranquila, y centrarnos en lo que tenemos ahora delante.

Como todo problema, también es una oportunidad. El presente y el futuro es de las personas que sean capaces de dominar su capacidad de atención y de alejarse de los artilugios y ambientes que corrompen esta habilidad.

Lo primero que debes hacer si quieres mejorar tu capacidad de atención es:

  • Silenciar el móvil, o mejor todavía, guardarlo en cajón. Úsalo cuando lo necesites, no dejes que él te diga cuando usarlo.
  • Si estás trabajando en algo, desconecta la wifi y cierra todo lo que no tenga que ver con ese trabajo.
  • Olvida la costumbre de revisar el correo continuamente. Hazlo un par de veces al día y nunca configures el correo en tu móvil.
  • Busca un lugar tranquilo para trabajar, y si no puedes, ponte unos cascos para ahuyentar a los que interrumpen. Es preferible que antes les digas que estás concentrado para que no se sientan heridos🙂

No tenemos cultura de respetar la atención de los demás, por lo que si trabajas en una oficina, lo normal es que te interrumpan cada poco tiempo. Hay varias maneras de afrontar este problema:

  • Trabaja en casa. Mis horas productivas son las que hago en mi casa, sin duda alguna.
  • Busca una sala de reuniones o despacho vacío
  • Ponte los cascos
  • Busca un horario sin interrupciones y avisa a tus compañeros. Por ejemplo, de 8 a 12 puedes decir a tus compañeros que no te interrumpan

Fuera del trabajo es más fácil. Simplemente, olvídate del móvil. Aunque pienses que es imprescindible, no lo es, yo no lo suelo sacar de casa, e incluso me hago viajes y dejo el móvil en casa.

Resuelta una parte del problema (el ambiente), falta la más importante: recuperar la capacidad para mantener la atención en aquello que nos importa.

Como he comentado, la tecnología nos moldea, y si a un adolescente le quitas sus distracciones, se volverá loco. Esto ocurrirá por un tiempo (como cualquier droga), pero poco a poco recuperará su capacidad de centrarse.

Seguro que has oído hablar del mindfulness, la razón por la que se ha puesto de moda es porque vivimos e una sociedad enferma, y este tipo de prácticas nos ayudan. El yoga, la meditación, andar por el campo, jugar con tus hijos o con tu perro. Lo importante es hacer una sola cosa a la vez, y poner todo en ello. Con el tiempo, recuperarás tu capacidad perdida, y con cierto entrenamiento, puedes volverte un experto.

Si llega el momento en el que eres capaz de poner tu atención en aquello que elijas y mantenerla durante horas, se te abrirá un mundo de posibilidades, no habrá nada que no puedas llegar a dominar, serás más feliz, tendrás más claridad de ideas y te sentirás en paz.

¿Por qué las gallinas ponen huevos todos los días?

Esta es una de esas preguntas sencillas y complicadas, probablemente ni un 1% de la población sepa responder, y sin embargo, es una de las grandes preguntas que deberíamos hacernos, no obstante, los huevos forman parte de la alimentación diaria de la mayor parte de los españoles y europeos. En 2014 había en la Unión Europea 328 millones de gallinas ponedoras por una población de humanos de 500 millones. Puedo decir, sin temor a equivocarme que es el segundo animal de tamaño medio-grande, después del homo-sapiens, más numeroso en Europa.

Claro que, en estas cifras no estoy teniendo en cuenta a los pollos de engorde cuya “vida” de 41 días (aunque en ocasiones no llegan a los 21 días) no se puede llamar ni vida. El número de pollos en Europa lo desconozco, ya que las cifras que he visto las dan en kilos de carne… concretamente en 2013, 1.123.000 millones de kilos pasaron a los supermercados, por lo que estaremos hablando de unos 600-700 millones de bebes de gallina que han pasado a nuestros estómagos.

Volviendo a las gallinas ponedoras, y a la importante pregunta “¿por qué las gallinas ponen huevos todos los días?” empezaré hablándote del antepasado de las gallinas actuales. Aunque no hay consenso, se cree que las distintas gallinas que se utilizan a día de hoy en la industria, provienen de una o varias especies de la India y Filipinas: el Gallus Bankiva. Hay consenso sobre que la domesticación tuvo lugar en la India hace unos 7.000 años, y de ahí se fue desplazando hacia el oeste.

Gallus Bankiva macho

El Gallus Bankiva macho tiene esos colores tan vivos para llamar la atención de las hembras

Gallus Bankiva hembra

El Gallus Bankiva hembra, con unos colores menos llamativos, probablemente para pasar desapercibida cuando está incubando

¿Cuántos huevos piensas que ponían esas gallinas?

El gallus Bankiva, antepasado de las gallinas ponedoras, pone un conjunto de 12 huevos, 2 veces al año. Todavía hoy, puede encontrarse este gallo salvaje en la India, China, Filipinas y el sur de la isla de Java. Lamentablemente, esta increíble ave está en peligro de extinción.

La hembra del gallus Bankiva, de forma natural procrea 2 veces al año, en primavera y en verano, poniendo entre 6 y 12 huevos cada vez, que incuba con gran celo durante 21 días. Eso son un máximo de 24 huevos al año.

La gallina ponedora (la hembra del gallus gallus domesticus) pone en cautividad, y dependiendo la raza, entre 100 y 350 huevos al año. El gallus Bankiva se domesticó hace unos 7000 años, desde entonces, y principalmente en el último siglo, el ser humano ha cruzado y seleccionado esta especie para que ponga más y más huevos. Ese es uno de los motivos por los que los huevos son tan baratos. También influye en gran medida la automatización de las granjas industriales.

Además de la selección genética, hay otros motivos por los que las gallinas domésticas ponen 10 veces más huevos que sus semejantes salvajes:

  • Horas de luz. Las gallinas en libertad, regulan su puesta dependiendo de la luz natural, por eso en invierno no ponen huevos. Sin embargo, en las granjas industriales, las someten a luz casi constante para que tengan la sensación de que “siempre es verano”
  • Robo de huevos. He leído en varios sitios, que otra técnica para forzar el número de huevos puestos por gallina es robarle los huevos según los va poniendo. La gallina incuba un nido de unos 6-12 huevos, por lo que sigue poniendo huevos hasta que llena el nido.

La vida de una gallina ponedora

El gallus Bankiva tiene una vida de entre 5-15 años, aunque se han registrado casos de hasta 30 años. La gallina doméstica pone huevos durante unos 2 años, después de esto, dejan de ser productivas, y por lo tanto se vuelven inútiles para los humanos, así que son sacrificadas.

¿Y qué pasa con los machos?

Para que “la fiesta continúe”, algunos de las gallinas las dedican a la cría, es decir, ponen huevos fecundados (los huevos que se come la gente no son fecundados y por eso no nos encontramos embriones dentro). Pero claro, la mitad de los pollos que salen de los huevos son machos. Todavía la industria no ha conseguido modificar el ADN de estas gallinas para que sean todas hembra. Como los machos no ponen huevos, son separados por los, tristemente famosos, sexadores de pollos y enviados a una cinta transportadora que bien podría ser llamada “el camino de la muerte”, ya que todos van a parar a unas grandes trituradoras que los convierten en un amasijo de carne listo que se usará para producir abono. Yo antes me preguntaba por qué no se destinaban a consumo humano, pues por lo visto, la raza de gallinas ponedoras es distinta que la de cría para el consumo, y los machos no engordan lo suficiente para ser rentables.

En la mayor instalación de cría de gallinas ponedoras del mundo, Hy-line International, 150.000 pollos mueren de esta forma por ser machos cada día.

Pollitos triturados

Así quedan los pollitos macho de gallinas ponedoras después de pasar por la trituradora

¿Quién se lo iba a decir a ellas?

Observando a los preciosos ejemplares machos de Gallus Bankiva en su selvas natales, y viendo al lado gallinas en jaulas con una superficie menos que un folio, hacinadas, con el pico cortado, recibiendo constantemente luz para forzar su producción de huevos, eliminando cualquier posibilidad de desarrollar sus instintos naturales (la gallina es una especie social y jerárquica, que explora, prepara su nido, tiene a sus crias, se relaciona con los miembros de su especie….), convirtíendola en una máquina de poner huevos.

Gallinas en jaulas de granjas industriales

En estas pequeñas jaulas viven 5 o 6 gallinas, con menos del espacio de un folio para cada una

Gallinas ponedoras en jaulas 2

Miro a una gallina y no siento nada

Uno de los problemas que tienen las gallinas para mejorar sus condiciones es que la mayor parte de las personas son incapaces de empatizar con ellas. Nos resulta sencillo hacerlo con un corderito (cuando está vivo) y con cerdito, incluso con un pollito (son tan monos), pero cuando el pollito crece y se convierte en gallina…

Sin embargo, que no seamos capaces de verlo no significa que no exista, los pollos y gallinas sienten y son más inteligente y complejos de lo que pensamos. Usan al menos 35 tipos de llamadas para comunicarse con sus congéneres y son capaces de sentir compasión por otros miembros de su grupo.

¿Y por qué no comes huevos?

Esta pregunta se la hice yo hace poco más de un año a Luis, de La Fuente del Gato, cuando Marisa y yo fuimos a pasar un fin de semana. Por entonces yo aún no era vegano, y si bien, podía entender por qué Luis no comía carne o pescado, lo de los huevos no lo entendía tan bien. Él, muy pacientemente, me explicó algunas de las cosas que te he contado en este artículo, y me quedé pasmado. Comer huevos es financiar esta industria cruel y despiadada, incluso más cruel que la de la carne de vaca, una industria que infringe un sufrimiento inmedible a millones de seres sintientes, inteligentes y sensibles, que tienen sus propios intereses y que nunca hubieran pensado que se convertirían en esclavos de los hombres por el simple hecho de que nos encantan los huevos fritos, la repostería con huevo, la tortilla de patata. Por cierto, Marisa y yo hacemos una tortilla de patata vegana que no tiene nada que envidiar a la que lleva huevo😉

Yo ya no como huevos y nunca más lo haré, no, tampoco ecológicos. Para los que tengan la imagen de las gallinas picoteando por el campo, deben saber que el 98% de las gallinas ponedoras en España viven en granjas industriales y que la vida de los “animales de granja” poco tiene que ver hoy en día con lo que ven los niños en los dibujos animados.

Un hilo de esperanza

Afortunadamente, cada día somos más quienes despertamos y nos damos cuenta de la locura en la que hemos convertido nuestra alimentación. Un símbolo de ese cambio son los santuarios de animales que recogen a animales “de granja” y les permiten vivir una vida mejor, algo parecido a lo que habría sido su vida sin la intervención humana. Me gustaría terminar este triste artículo con un bonito vídeo de una gallina cuidando de sus crías, como cualquier madre lo haría de sus hijos.

 

Desde aquí, mi más profundo agradecimiento a todos los santuarios de animales que hacen una labor completamente altruista y desinteresada, cuidando de estos seres que tanto nos necesitan y difundiendo el amor hacia todos los animales, no solos perros y gatos, sino también a aquellos que siempre hemos visto como comida, como cosas que deben servir para nuestros propósitos.

Si quieres más información sobre el tema, te recomiendo los siguientes artículos:

http://www.foodispower.org/es/gallinas-criadas-para-la-industria-del-huevo/

http://www.granjasdeesclavos.com/gallinas/explotacion

http://biozoonature.blogspot.com.es/2011/04/la-vida-de-los-pollos-de-engorde-de.html

http://www.animanaturalis.org/p/las_granjas_industriales

http://www.igualdadanimal.org/noticias/7307/9-imagenes-que-retratan-la-crueldad-de-la-industria-del-huevo

http://eol.org/pages/1049263/details

http://taxo4254.wikispaces.com/Gallusgallus

https://es.wikipedia.org/wiki/Jaula_en_bater%C3%ADa_para_gallinas_ponedoras

Triturados vivos por ser machos

http://faada.org/causas-9-huevos

http://www.animalvisuals.org/projects/empathy/virtualbatterycage/

La ciencia nos salvará, ¡viva la ciencia!

La ciencia nos salvará

Los seres humanos en nuestra eterna necesidad de creer en algo simple y confiar en que nos salvará, hemos sustituido la religión por la ciencia.

No deja de sorprenderme como gente culta e informada ve la ciencia como la solución a todos nuestros problemas. Les hablas del hambre en África y ellos te hablan de las bondades de las nuevas técnicas y cultivos modificados genéticamente que permiten producir enemil toneladas de calorías con una fracción del coste que los cultivos tradicionales. Si les mencionas el calentamiento global, ellos te responden que los coches eléctricos y los paneles solares en las azoteas de los edificios nos salvarán. ¿Que no llueve porque hemos cambiado el clima? Disparemos yoduro de plata a la atmósfera y lloverá.

Este enfoque aparentemente racional, moderno e intelectual, no deja de ser otra estúpida simplificación de la mente humana que ha abrazado a la ciencia y a la tecnología como las nuevas religiones, los multiplicadores de peces y panes, los separados de mares. Los científicos y las innovaciones tecnológicas, en un contexto capitalista que promueve estos avances, tarde o temprano solucionarán los embrollos en los que nos hemos metido los humanos.

¡Despertad de una vez! Muchos problemas que aparentemente van a solucionar los genetistas, doctores e ingenieros son los síntomas de la enfermedad, no la causa. Si indagáis un poco en las causas, encontraréis al capitalismo exacerbado como fuente de la mayor parte de estos problemas, que a su vez “ayuda” a resolver en un círculo esquizofrénico.

Todos sabemos que la obesidad es un grave problema del mundo occidental, y también en parte de los países en vías de desarrollo. Las grandes empresas alimentarias, muy listas, nos venden suplementos, galletas con fibra y leche sin grasa. Vamos, tiritas estúpidas para un problema que a su vez están promoviendo las mismas grandes corporaciones como McDonalds o KFC con sus agresivas campañas publicitarias hacia el público más joven y vulnerable. Os diré yo el secreto para combatir la obesidad: verduras, frutas, cereales integrales y legumbres.

Me interesa la resolución de problemas, es a lo que me dedico desde hace 13 años, y por eso sé que para resolver un problema hay que ir a la raíz. Si podas las ramas, volverán a crecer y más fuertes si cabe.

Resolver los grandes problemas y retos que tiene nuestra civilización no es tarea fácil, pero se hace imposible cuando por intereses puramente egoístas de gobiernos y corporaciones, se centran en poner tiritas para que la rueda siga girando, sin que los problemas sean realmente resueltos.

Uno de estos grandes problemas es el de el supuesto crecimiento infinito en el que se basa el sistema económico mundial. Todos los gobiernos, tanto de izquierdas como de derechas, se preocupan por el crecimento del PIB de su país, ya que al parecer es la única forma de crear empleo y una sociedad del bienestar. Por favor, salgamos de nuestros cubículos, ¿crecimiento indefinido? Eso es lo que está llevando al planeta a sus límites. Nos estamos cargando la Tierra y millones de otros seres vivos que conviven con nosotros en este lugar sagrado y maravilloso del universo. Sin embargo, nuestra ceguera no nos permite ver que no puede seguir habiendo un crecimiento económico (tal y como se entiende ahora mismo). Solo la estupidez y la propaganda, o ambas a la vez, nos pueden hacer pensar en que todos los países pueden seguir produciendo más, pescando más, talando más, tirando más, creciendo más durante años y años y que la tierra va a tolerarlo.

Es evidente que no, y como seres conscientes debemos tomar medidas ya para cambiar ese mito de que la ciencia nos va a salvar a todos de nuestra estupidez:

no lo hará.

¿Adictos a la comida?

Adictos a la comida

Los últimos meses han sido esclarecedores en muchos aspectos. Me han hecho reflexionar sobre la comida, su importancia en la calidad de nuestra vida, en la salud, en las relaciones sociales y también me han hecho pensar en la comida como adicción, placer y sufrimiento.

Que necesitamos comer para vivir no es nada nuevo, eso es algo común a todos los seres humanos y no humanos. Sin embargo, la manera que cada uno de nosotros tiene de afrontar su alimentación cambia enormemente.

¿Por qué a unos nos gusta la carne y a otros el pescado? ¿Por qué mucha gente “odia” la verdura y la mayoría adoramos el azúcar? ¿Por qué todo el mundo dice que no hay que abusar de nada y que lo mejor es comer de todo? ¿Por qué para los veganos comer es una cuestión ética además de fisiológica? ¿Por qué las dietas generan tanto sufrimiento? ¿Por qué muchos omnivoros se sienten incómodos con los veganos?

Son tantas preguntas tan interesantes y tan importantes…

Empezaré por darte mi opinión sobre algunas de estas cuestiones, la opinión de alguien que adoraba comer de TODO y que en las últimas semanas solo ha comido verdura, legumbres y arroz integral. Sí, debido a una dieta especial por un problema en la flora intestinal, llevo más de 3 semanas sin comer azúcares, cereales, setas, fermentos, patatas y muchas otras cosas… Eso, unido a mi decisión de no comer alimentos animales desde agosto del año pasado ha reducido mucho mis opciones.

Siempre me ha llamado mucho la atención la cantidad de manías alimentarias que tiene la gente. Yo de pequeño no comía ni cebolla ni pimiento, verduras que a día de hoy son base importante de mi comida, y que me encantan. Esto se queda en agua de borrajas comparado con gente que conozco que no come verdura, fruta y a penas algún pescado. No les gusta, dicen. Es curioso el tema de los gustos, ¿por qué a mí me gusta todo y a mucha gente no les puedes sacar de las patatas fritas, filetes y huevos fritos?

Pienso que es una cuestión de costumbres, es decir, de cultura. Si tú desde pequeño has comido verdura como algo rico y natural, por ejemplo, mi hermana, lo normal es que te guste la verdura y que cuando seas mayor la incluyas en tu día a día. El problema es que la mayoría de la gente acaba reduciendo su dieta por comodidad y por prejuicios: “esto me gusta, esto no me gusta…” y no salen de ahí.

Cuando yo me hice vegano, había muchas verduras que no me entusiasmaban en absoluto, con el tiempo, he aprendido muchas formas de cocinarlas y de usarlas, he conocido verduras, germinados, tubérculos y frutas que a penas había probado y he descubierto un mundo rico en sabores, texturas y olores. Lo mismo me ha pasado con las especias.

Pero claro, esto no ocurre de un día para otro, los prejuicios y costumbres de 33 años pesan mucho. En definitiva, creo que la mayoría de gustos son aprendidos, y todos podemos aprender a disfrutar de comidas más sanas, variadas y nutritivas dándoles una oportunidad y haciendo un esfuerzo por conocer nuevos alimentos y nuevas formas de tratarlos y a cocinarlos.

Otra cosa que me he dado cuenta es que nuestro paladar está aturdido por la gran cantidad de aditivos y salsas que usamos en todas las comidas. Recuerdo un día que Richard Vaughan decía en una entrevista que cuando vino a vivir a España la comida no le sabía a nada. Él es de Texas, y allí toda la comida es muy fuerte, se abusa de las salsas, condimentos y comida procesada. Comparado con eso, la dieta de la España de los 80 era sosa y aburrida.

En 2016 tenemos el paladar acostumbrado a un exceso de todo. Por eso, cuando preparamos una ensalada y le echamos una pizca de sal y aceite, nos parece que no sabe a nada. ¡Claro que sabe! un buen tomate, un buen pepino, unas semillas y unas aceitunas con un poco de aceite de oliva y sal puede ser una delicia, pero ya no percibimos esos matices, casi no tienen sabor para nosotros.

Personalmente cada vez uso menos sal y azúcar en la comida, y cada vez aprecio más los matices de los alimentos que uso. Eso me hace ser más exigente con lo que compro, no es fácil encontrar alimentos de calidad, pero cuando tu paladar se hace más sensible y empiezas a saborear toda esa miriada de sabores, es un placer. Ya no se reduce a salado o dulce, cada cosa sabe a lo que tiene que saber y cuanto menos sobrecargo las recetas, más aprendo a disfrutar del verdadero sabor de los alimentos.

Otro de los temas más comentados y que, según mi experiencia, es falso, es que lo mejor es comer de todo, cuanto más variado mejor. No sé quién dijo eso por primera vez ni por qué se ha hecho dogma, pero creo que no es cierto. Los veganos no comemos ni carne ni pescado ni huevos ni lácteos. Conozco veganos de nacimiento que con 30 años están delgados, sanos y tienen una energía desbordante. Ante esto no hay mucho más que decir. Eso no significa que comer productos animales no sea bueno, en ese charco no me voy a meter, pero tampoco es cierto que no comerlos sea malo, como pretenden hacernos creer algunos.

Por otro lado, las últimas semanas he quitado los hidratos de carbono de mi dieta, no del todo, pero casi del todo. Y puedo decir que tengo la misma energía o más que antes. El cuerpo es más sabio de lo que pensamos, y creo que no necesitamos ni tantos hidratos ni tantas proteínas como suele pensarse. Al menos no para los que llevamos una vida sedentaria en las ciudades.

Lo vegano está de moda, solo hace falta pasarse por una librería y verás la cantidad de libros de cocina vegana que hay. Personalmente estoy encantado, cuanto más se hable del tema, más gente se concienciará, pero creo que es importante aclarar una cosa: el vegano no es alguien que decide dejar de comer productos de origen animal para comer mejor. Ser vegano es una opción ética, no dietética. El veganismo es una opción moral que consiste en intentar no provocar sufrimiento innecesario a cualquier animal, tanto humano como no humano. Sí, para los despistados, los humanos también somos animales😉

De hecho, el vegano no solo no consume animales, tampoco compra productos que usen pieles o partes de animales, ni financia espectáculos donde se confina a animales, se les humilla o se les explota.

El vegano no quiere que se trate a los animales de forma más humanitaria, si no que está convencido de que los animales no están para el uso y disfrute de los humanos, si no que están a la misma altura, son seres sintientes y como tales merecen el mismo trato que cualquier ser sintiente.

Dicho esto, no pretendo convencer ni convertir a nadie, es una opción moral que cada uno debe elegir libremente, y no seré yo quien critique otras opciones, no obstante, durante 33 años he comido animales, y ido a zoos y he vestido zapatos de piel. Si hace años hubiese tenido el nivel de conciencia que tengo ahora, lo habría cambiado, pero tuvieron que suceder varias cosas en mi vida para que esto sucediese.

Por último me gustaría tratar un tema que he sufrido últimamente. Debido a la dieta estricta que tengo que hacer, me he dado cuenta de que los humanos somos adictos a la comida. Es algo que intuía desde hace tiempo, sobre todo desde que soy vegano, ya que desde entonces he hablado mucho sobre comida con muchas personas distintas. Es increíble lo importante que es para todos la comida. Podemos sacrificar muchas cosas, pero la comida (“comer bien”) es sagrada para la mayoría.

Hay gente que incluso está dispuesto a morir joven pero que no le quiten las hamburguesas del Mcdonald o el chuletón de buey. Yo lo estoy sufriendo últimamente con el azúcar. Hay días que incluso he llegado a sentir algo parecido al síndrome de abstinencia. Mi cuerpo me pide cosas dulces y si no se lo doy, se cabrea. Conozco a varias personas que adoran los animales, y que incluso alaban la ética vegana, pero que se sienten incapaces de dejar de comer carne, leche para desayunar o huevos. Es algo puramente psicológico, pero tiene mucha fuerza.

De alguna manera somos esclavos de nuestros gustos culinarios, eso repercute en nuestra salud, en nuestra moral y tiene un componente social muy importante.

Bueno, por hoy es suficiente, es posible que dentro de un tiempo retome estos temas que me parecen tan interesantes y que están de completa actualidad.

¡Nos vemos pronto!