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El low-cost, ¿ángel o demonio?

Low-cost, Ángel o demonio

Hace ya unos cuantos años que el término low-cost está de moda, y parece que así va a seguir durante un tiempo. Si no recuerdo mal, el origen de la generalización del término fueron las aerolíneas que hace ya unos años empezaron a ofrecer vuelos a precios muy ajustados, lógicamente ofreciendo a su vez un servicio, a veces, vergonzoso. Recuerdo alguno de estos viajes en los que yo, con mi 1,85 de estatura, tuve que pasar varias horas torcido porque no cabía en mi asiento. La parte positiva es que viajar se democratizó y dejó de ser algo de gente de dinero para estar al alcance de casi todos, no exagero cuando digo que a veces pueden conseguirse vuelos a Europa por menos de lo que te cuesta ir en autobús a Málaga.

Hoy en día el low-cost está por todas partes: ropa, servicios, desarrollo de software, restaurantes… Por si fuera poco, las Webs tipo Groupalia y Groupon lo han extendido más aún. La guinda del pastel fue la crisis, de repente la gente tenía menos dinero, y los que lo tenían, no se lo querían gastar… consecuencia, muchos empresarios tuvieron que abrir las puertas al low-cost, a menudo a regañadientes.  Cenas de 5 tenedores a 15€, SPAs por 10€, escapadas de fin de semana por 50€, zapatos por 5€…

Si sales a la calle y preguntas por este fenómeno, imagino que el 90% de los encuestados dirán que están encantados, que pueden conseguir más cosas por menos dinero, y que en estos tiempos, eso está muy bien. Como consumidor, yo también pienso lo mismo, pero si voy un poco más allá, me doy cuenta de que el low-cost como fenómeno extendido a todo tipo de empresas no nos hace ningún bien.

En primer lugar deberíamos plantearnos qué cuestan las cosas. Pensad por un momento en un zapato de piel y lo que supone su fabricación. Gran parte del proceso es artesanal, y la piel cuesta dinero. Por muy poco tiempo que costase fabricarlo, ¿creéis que 10 o 20 euros es un precio razonable? Probablemente no. ¿Entonces por qué lo pone el tendero a ese precio? Hay distintas respuestas para ello, la primera es que el zapato le ha costado menos dinero, si es así, os aseguro que en España no se ha fabricado, vendrá de Asia, Marruecos o de algún país del tercer mundo con mano de obra barata y precaria. La otra opción es que el tendero se vea obligado a vender por debajo del precio de coste porque la competencia está tirando los precios y no le queda otra opción que hacer lo mismo.

El low-cost es una “enfermedad social”. En España nos hemos acostumbrado a lo gratis y a lo barato, somos buscadores de chollos profesionales y rara vez nos planteamos si lo más barato es lo mejor, lo más sostenible o lo más justo. Lo normal es que no lo sea. Al margen del problema que supone esta moda para los empresarios, hay otro problema al menos tan importante, la sostenibilidad. A menor precio, mayor consumo. Cuando vemos chollos, muchas veces compramos aunque no necesitemos las cosas, seguro que nos reconocemos en alguna situación del tipo: “Manuel, ya sé que tengo muchos zapatos, pero has visto que monada?, y solo por 15€“. A mayor consumo, mayor degradación medioambiental.

Recordad, cuando compramos barato, alguien está pagando el precio: el medio ambiente, el empresario, empleados mal pagados o explotados en países tercermundistas. Pensemos en el valor real de las cosas y paguemos un precio justo. Todo el mundo saldrá ganando.

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4 comments on “El low-cost, ¿ángel o demonio?

  1. Buen post Val,

    Supongo que uno de los retos para que los vendemos algo no caigamos en este trampa es:

    1. Saber crear un valor añadido que nos diferencie.
    2. Saber explicar por qué lo que ofrecemos cuesta más que lo que ofrece la competencia.

    Mi percepción, conociendo algunos casos que tengo muy cerca, es que es difícil para un vendedor pensar en ideas que aporten valor de manera diferente a la socorrida rebaja de precio o descuento.

    No porque no tenga ideas, si no porque el miedo a probarlas y que no funcionen les paraliza.

    1. vmbustillo dice:

      Cesc, estoy plenamente de acuerdo contigo en que uno de los motivos de ir a precio es la diferenciación fácil. El problema es que hoy en día siempre habrá alguien que venda más barato que tú. Mejor estrujarse un poco la cabeza y ofrecer algo distinto, buena puntualización.

  2. DavidM dice:

    Una cosa son ciertos aspectos culturales/sociales del low cost. Y otra cosa, muy diferente, es la economía.

    http://epp.eurostat.ec.europa.eu/tgm/graphCreator.do?tab=graph&a=2&c=1&d=0&h=0&time=0-11&x=time&geo=0,2,8,12&y=geo&language=en&pcode=tec00118&plugin=1

    Esto es la inflación de España y la de sus socios europeos. Sí, puede que haya gente exigiendo low cost sin tener idea del coste de las cosas, pero también es cierto que el precio de las cosas, en España, no es ni remotamente indicativo de su coste. La subida disparada de los precios españoles ha sido una de las diferencias fundamentales con otros países, y es un equilibrio que hay que restablecer: bajando precios.

    1. vmbustillo dice:

      Hola David, tienes toda la razón, la inflación sigue subiendo (aunque mucho menos desde 2009). Lo que ocurre es que en la inflación se incluyen muchos productos de los que yo no hablo aquí como la gasolina, el gas, etc. etc. Obviamente en mi artículo me refiero a otro tipo de productos/servicios que en los últimos años han ajustado mucho sus precios (ropa, restaurantes, etc.).

      Un saludo.

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