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Falsa belleza

Falsa belleza

Gordos, flacos, peludos, calvos… así somos.

La belleza, tal cuál se vende en los medios de comunicación no existe. Los chicos y chicas de las revistas no son reales. Maquillaje, cirugía y Photoshop se encargan de moldear sus cuerpos y sus rostros para acercarse cada vez más a una belleza irreal, idealizada que nos fascina y nos frustra a partes iguales.

Imagino que los psicólogos del siglo XXI se tienen que estar hartando de trabajar gracias a esta encrucijada en la que nos han metido. Estás viendo la TV, tirado en el sofá y comiendo una tarrina de helado de la marca Haagen Daz, en los anuncios de tu serie favorita muestran a una joven de 20 años corriendo por la playa, su cara es como la de un hada, ya no se sabe si es una mujer o un dibujo animado, su silueta es “perfecta”, no debe pesar más de 45 kilos… a continuación, un anuncio de Foster Hollywood y su nuevo costillar con extra de barbacoa te hace babear, quizás sea hora de cenar.

Los medios y por lo tanto, las grandes empresas, nos bombardean con publicidad engañosa y dañina a todas horas. Nos gusta pensar que nos resbala, que ya somos adultos y que nada de eso nos afecta, pero no es cierto. Nuestro subconsciente retiene e interioriza muchos de esos mensajes. Por repetición acabamos pensando que esos abdominales de 2 centimetros de profundidad es a lo que debemos aspirar, por no hablar de ese bronceado cubano que tiene el jodio modelo en pleno diciembre. Sí, no solos las mujeres son esclavas de la imagen, también muchos hombres, y cada vez más.

Buscamos un ideal que es prácticamente imposible de conseguir, ni siquiera lo consiguen modelos y actrices, cualquiera lo puede ver en la portada del Cuore. Ellas también tienen celulitis y ellos también tienen barriga y pelos en la espalda. Sin embargo, eso no es lo que vemos en las peliculas, allí están perfectos, ¿no? ¿Cuál es la verdad? La verdad, al menos mi verdad, es que la perfección tal cuál nos la venden en la MTV, en Hollywood o en Men’s Health no existe. Ya no se trata de hombres y mujeres jóvenes y guapos, han ido más allá. Ahora nos venden tetas de silicona, pestañas postizas y músculos de batido de proteinas.

Es todo puro mercantilismo, estar “perfecto” cuesta dinero, mucho dinero. Pero eso no es lo más grave, lo peor, en mi opinión es todo el sufrimiento que esta gran industria genera a quinceañeras preciosas pero que no tienen una 90 de pecho, a mujeres de 35 años a las que les salen sus primeras arrugas y a hombres que empiezan a perder algo de pelo y ya están pensando en hacerse unos injertos. Todos ellos frustrados por no conseguir lo que ven en la tele, por no ajustarse a esos falsos cánones de belleza.

Todos deberíamos hacernos conscientes de esto y poner nuestro granito de arena para que cambie. Para ello, deberíamos empezar por nosotros mismos, por cuidarnos, pero sobre todo, por cuidar nuestra salud, comiendo bien, haciendo ejercicio, sonriendo y saliendo con los amigos. La belleza natural está ahí, no tendremos la genética de Beckham o de Charlize Theron, pero no importa, somos bellos a nuestra manera, la imperfección es bella y natural, aunque no todos estemos preparados para apreciarlo.

Creo que parte de nuestra madurez está en hacernos conscientes de que la belleza está en todas partes, que todo depende de los ojos del que la observa.

Fotografía de Marcelo Moltedo

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