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Epílogo de Mi Viaje

Paisaje visto desde Puebla de Alcocer (Siberia Extremeña)

Paisaje visto desde Puebla de Alcocer (Siberia Extremeña)

Todo comenzó el domingo 27 de abril a las 10 de la mañana, dejé Madrid sin tener claro donde ir y tomé la carretera de Extremadura. Esto lo repetía cada mañana ya que no planificaba dónde iba a ir hasta que cogía el coche. Me dejaba llevar por mis impulsos o por las recomendaciones de los paisanos que me fui encontrando por el camino. Como la de Luis, el dueño del bar de Los Pescadores en CastilBlanco (Extremadura) que me recomendó las vistas desde el castillo de Puebla de Alcocer que nunca olvidaré, o las de Maria Jesús, la propietaria de una casa rural que me recomendó Guadalupe, un pueblo entre colinas verdes con un monasterio que parece salido de un cuento de Hadas.

Crucé La Siberia Extremeña, una extensión de tierra salpicada por múltiples embalses, extensas dehesas y sobre todo por su soledad. Es un lugar muy especial donde los humanos han pasado a un segundo plano y las aves y los verdes campos son los protagonistas.

Volví a conocer Cáceres, esta vez con los ojos de un explorador más que con los de un turista, observé a los turistas con sus bermudas y grandes cámaras de fotos, ávidos de escapar de la rutina caminando de un edificio a otro, de un chiringuito a otro.

Perdí la cámara de fotos en Talavera de la Reina y mis dibujos fueron un sustituto mejorado, no por su calidad, si no porque me permitieron contemplar y observar el entorno con mayor detenimiento. Esos dibujos grabaron en mi memoria paisajes y momentos que estarán siempre conmigo.

Tuve un golpe con el coche, disfrute de un hotel de 3 estrellas por el precio de una pensión, contemplé el despertar primaveral de una Extremadura desconocida para mí. Pasé un calor infernal en una buhardilla improvisada en en el centro de Mérida, dormité bajo un árbol en el Parque Nacional de Monfragüe, comí una excelente hamburguesa de buey en Camarena, Toledo y me bañé en un embalse de La Siberia donde los únicos seres vivos en kilómetros debían ser la ovejas que me acompañaban.

En mi viaje hubo de todo, pero lo más importante fue que cada minuto, cada momento y cada experiencia me sirvieron para conocerme mejor y para conocer mejor el mundo que me rodea.

A continuación os transcribo el épilogo de mi Diario de Viaje, el que escribí nada más volver a Madrid.

EPÍLOGO

El viaje ha llegado a su fin, aunque hay algo dentro que me dice que este viaje seguirá conmigo el resto de mi vida. Es el comienzo de una nueva forma de ver y de sentir. Ha sido la constatación empírica de muchas cosas que intuía pero que no había experimentado plenamente.

Al llegar a casa estaba inmensamente feliz. El reencuentro con Marisa fue genial, le conté todo, no podía parar de hablar, tenía mucha hambre y estaba cansado, pero me daba igual, tenía que compartir con ella esa felicidad que me embargaba, lo que había visto, lo que había sentido y cómo creo que es mejor quitar cosas a tu vida que añadírselas.

Añadir y consumir cada vez más no deja de ser una enfermedad, bien vista, pero enfermedad al fin y al cabo. Nos han hecho creer que necesitamos móviles y tabletas, televisores, ordenadores y un BMW X3 en nuestro garaje, pero no es cierto. No solo no lo necesitamos si no que es un lastre para vivir de forma completa, es un lastre para disfrutar de cada momento con nuestros seres queridos y para ser uno con la madre naturaleza.

Aunque se nos haya olvidado o nos hayan hecho creer que somos especiales, no somos más que un diminuto grano de arena en la galaxia, nuestra vida no es más importante que la de una cigüeña, un gato o un alcornoque, tan solo somos una pieza más del maravilloso puzzle de la vida y el universo. Hemos tenido la suerte o la desgracia de que nuestros cerebros hayan evolucionado para crear un lenguaje, ser creativos y conscientes de nosotros mismos, pero eso no es ningún visado hacia la omnipotencia.

En el momento en el que nos sentimos más importantes que otro ser vivo nos desconectamos de la naturaleza, perdemos de vista nuestros orígenes, nuestro hogar. Solo hay una forma de explicar la paz y la libertad que nos da parar un rato a solas en medio del campo, con las plantas, los insectos y las aves, esa razón es que ahí está nuestro hogar. Antes de migrar a las ciudades y convertirnos en urbanitas, vivíamos en armonía con nuestro entorno. No lo olvidemos y habremos ganado lo más valioso que tenemos, sentirnos parte de un todo, en sintónia con la naturaleza y con nosotros mismos.

Vivimos en un mundo en el que cada nueva tecnología es adoptada por todos sin preguntarnos si nos va a hacer más felices. Lo que no vemos es que la adopción masiva de estas tecnologías está cambiándonos y, a menudo, para mal. Prácticamente todas las nuevas tecnologías van en la línea de virtualizar nuestra vida, nuestras relaciones y nuestro tiempo de ocio.

Sistemáticamente nos alejamos de lo natural, del contacto cuerpo a cuerpo, de las relaciones en persona, dejamos de observar, de interactuar con el mundo que nos rodea… A cambio, nos proporcionan inmediatez, llenan esos momentos de vacío que ellas mismas han creado y eliminan nuestra sensación de soledad.

Durante estos días en ningún momento me sentí solo, no eché de menos el móvil, internet o la cámara de fotos. La sensación de vivir era tan intensa que nada de eso era necesario. Me sentí acompañado por la gente que me iba encontrando o que observaba por la calle, aunque no hablara con ellos. También me sentí acompañado por los árboles, los pájaros y las ovejas. Pero había que estar presente para sentir esa compañía. La soledad es algo que está en nuestra cabeza, no es una realidad del entorno sino un sentimiento profundo que nos acompaña cuando no estamos bien con nosotros mismos, cuando no estamos en paz con nuestro entorno.

Otro importante aprendizaje que no es nuevo para mí pero que he interiorizado durante el viaje es la aceptación. La aceptación de que el mundo es como es y que no vale la pena sufrir por ello. No hablo de resignación, pienso que hay que luchar por aquello que nos importa y podemos cambiar, pero nuestro sufrimiento suele venir de cosas que ni nos importan ni podemos cambiar. Si acepto la vida tal como viene, sé que habré reducido la mayoría de ese sufrimiento. Y sobre todo, aceptar a los demás como son. el único RESPETO que hay en la vida es ese. En el momento en el que buscamos que los demás hagan, piensen o digan las cosas como nos gustaría, dejamos de respetarles.

Siempre he sido muy exigente conmigo mismo y con los demás, he hecho mucho daño por ser así pero creo que todavía estoy a tiempo de cambiarlo. Si solo pudiese cambiar una cosa de mi forma de ser, sería esa.

Tengo resistencia a volver a encender el ordenador y el móvil, como si la magia fuese a desaparecer…

Mi Viaje

Planificando Mi Viaje

12 comments on “Epílogo de Mi Viaje

  1. Silvio dice:

    Querido Val, eres una inspiración maravillosa. Que orgullo conocerte… Abrazos, Silvio

    1. vmbustillo dice:

      El orgullo es mio, Silvio, espero verte pronto por Madrid. Un abrazo.

  2. Marisa dice:

    ¡Te quiero!

  3. Chusa dice:

    Emocionante y bellisimo tu escrito, Val

    1. vmbustillo dice:

      Gracias mama, aunque es difícil captar con palabras algo tan intenso, lo he intentado.

  4. Amigo, tu experiencia me ha conmovido. Primero y principal, por lo valiente de afrontarla y querer compartirla sin otro interés que el de querer compartirla. En segundo lugar porque estas en sintonía con mi línea de pensamiento y reconozco el fondo de sensaciones que tratas de describir. A diario me esfuerzo por experimentarlas en cada momento y lugar: la cola del supermercado, mientras me afeito, en lo que espero al autobús… He de decirte que igual que nos empeñamos en desear cosas materiales y en entronizar cosas que para nada son importantes, también nos podemos empeñar en buscar lo simple y puro, lo que realmente importa. Espero que este recien descubierto hábito se afiance y fortalezca en tu vida y que poco a poco vayas “contaminando” a los que te rodean (a ver si entre todos cambiamos el mundo).
    ¡Un abrazo enorme!

    1. vmbustillo dice:

      Muchas gracias joserra por tu comentario 😊

  5. Manoli dice:

    Hola, enhorabuena por la ruta que cogistes pues creo que acertastes al 100%, ya que estuvistes inmerso en esa paz y tranquilidad espiritual que tanto nos hace falta a las personas que viven en grandes ciudades como es Madrid. Saludos

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